La inclusión social comienza con una desición firme de comprender, aprender y acompañar a la persona neurodivergente en su desarrollo pleno.
Tanto en la infancia/adolescencia como en la adultez, los espacios deben estar preparados para abrazar la condición, y permitirles un desarrollo pleno de sus fortalezas y potencialidades.
Es sabido que las personas neurodivergentes poseen un alto valor en cuanto a la originalidad de su pensamiento, la capacidad memorística y mirada puesta en el detalle. Son personas altmente sensibles, que disponiendo de los apoyos que necesitan, pueden ser estudiantes excepcionales, profesionales altamente capacitados y personas con un gran valor en cuanto a impacto social.
La Inclusión no sólo es un derecho, también es una responsabilidad que asumimos como sociedad. Si es real y efectiva, no sólo se beneficia la persona neurodivergente, sino todo el grupo humano en su conjunto.
Nos enriquecemos en la diversidad, y si logramos potenciar las fortalezas, la persona neurodivergente tiene habilidades únicas y específicas, que lo hacen ser una pieza clave en cualquier institución educativa o laboral.